La integración y la
inclusión no deben confundirse, pues suponen perspectivas distintas de análisis
de la realidad y en consecuencia plantean distintos modelos de intervención.
La integración tiene dos
características claves, que la definen: por una parte, hay un modelo educativo
determinado, que acoge a los alumnos diversos, diagnosticados o categorizados como
de n.e.e., provenientes de culturas y con lenguas distintas o con determinadas
características físicas, sensoriales, emocionales o cognitivas, que con la
aplicación de la lógica de la homogeneidad estaban fuera del sistema y que
ahora son integrados, Barrio de la Fuente (2009; 16) escribe al respecto: “el
término integración está siendo abandonado, ya que detrás del mismo subyace la
idea de que se orienta únicamente a alguien que ha sido excluido previamente,
intentando adaptarlo a la vida de la escuela”, por su parte la (EDF, 2009, 3)
añade “la integración es una cuestión de ubicación de los estudiantes con
discapacidad en las escuelas, en donde tienen que adaptarse a la enseñanza y
aprendizaje existente y a la organización de la escuela”.
Por otra parte, en la
integración se contempla que el problema está en el alumno, que requiere
actuaciones especiales y la adaptación al sistema, como señala Ainscow (2003;
19). “la integración lleva implícito el concepto de reformas adicionales cuya
realización es necesaria para acomodar a los alumnos considerados especiales en
un sistema escolar tradicional e inalterado”, pero estas reformas y esta
adaptación se reducen al diseño de programas específicos para atender las
diferencias, así Arreaza (2009; 7) lo expone claramente: “En este modelo, se
adscribe a la persona “diversa” al grupo normalizado y, como excepción, se
diseña un programa específico para atender las diferencias. El citado programa
se recoge en una adaptación curricular y se organiza la respuesta, individual o
en grupos reducidos, durante un tiempo variable, en un espacio a determinar,
fuera o dentro del aula, con los recursos específicos. Para justificar las
actuaciones se argumenta afirmando la excepcionalidad y transitoriedad de las
medidas y, sobre todo, defendiendo la necesidad de realizar una discriminación
positiva para evitar otros riesgos” Esta realidad de las escuelas, consecuencia
de un planteamiento y de unos referentes determinados ya especificados
anteriormente, ha demostrado su ineficacia y sus limitaciones propias de
enfoques clínicos (basados en diagnósticos y etiquetaje de los alumnos) y de
especialización (profesores de pedagogía terapéutica, compensatoria,
especialistas en…) que nos llevan a la discriminación y a la categorización innecesaria
del alumnado.
“Todo
colegio tiene estudiantes que poseen elevado potencial para el aprendizaje en
niveles avanzados, la solución de problemas creativos y la motivación para
seguir un trabajo de excelencia y rigor. Más que fuentes de adquisición de
información, los colegios deben ser lugares para el desarrollo de talentos en
todos sus estudiantes. … Los métodos tradicionales de escolaridad pueden llevar
al fracaso la intención de hacer de los colegios lugares de desarrollo de
experiencias enriquecedoras para el talento creativo de los jóvenes. … El
Modelo de Enriquecimiento Escolar comprende estrategias para incrementar el
esfuerzo del estudiante, su gozo y desempeño, así como para integrar un rango
de experiencias de aprendizaje de nivel avanzado, junto con destrezas de
pensamiento, en todas las áreas curriculares.” Joseph Renzulli.
El aprendizaje cooperativo: una propuesta para trabajar la diversidad
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